
Imagina que entras a un lugar desconocido lleno de personas con las cuales nunca has tenido alguna relación. Ni siquiera un intercambio de palabras. De la nada, comienzas a pedirles que te compren…Te paras ahí, haces mucho ruido y solo les muestras lo que tienes, esperando a que alguien te pregunte, o por lo menos se antoje.
El problema es que eso que vendes, lo venden otras 100 personas más! ¿Qué harías para que te escojan a ti por encima de los otros?
Ahora bien, ¿qué crees que pasaría si vas con frecuencia a ese lugar, haces amigos, te das a conocer y cuando todo el mundo te quiere, ahí si te pones a vender? Sin duda, las personas te escogerán a ti porque te conocen y ya tienen una relación contigo.
En el primer escenario veíamos un marketing transaccional, que es más centrado en el producto y en el acto de realizar una compra.
En el segundo, un marketing enfocado en el cliente…el arte de conocer a tus consumidores y de desarrollar una relación con ellos antes de pedirles algo.
La gente ya no compra productos, compra valores, una historia o una marca. Es por eso que el marketing relacional es tan efectivo e importante. Se centra simultáneamente en la adquisición de nuevos clientes y en el fomento de una mayor lealtad entre ellos.
En vez de orientarse en promocionar productos y ser demasiado comerciales, las marcas deben tomarse el tiempo para presentarse, dejar que los clientes potenciales las conozcan y mantenerse disponibles al momento de responder sus preguntas.
¿Qué piensas al respecto? ¿El enfoque de tu marca está en el producto o en tus clientes?